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Historia del municipio

La villa de Enciso y sus aldeas es uno de los municipios más interesantes, antiguos e importantes de toda la comunidad de La Rioja, con prácticamente un milenio de historia documental. Debajo de la actual localidad se han encontrado restos de un asentamiento de época celtibérica, evidenciado por la presencia de las todavía escasas excavaciones. También se conoce que el territorio y villa fueron ocupados en época musulmana, siendo su mejor fuente los restos del castillo de evidentes trazas islámicas, correspondientes al final del periodo Banu Qasi. Sin embargo, no será hasta la conquista cristiana por parte del rey Sancho IV de Nájera-Pamplona de la ciudad de Calahorra y su territorio circundante cuando se pueda contar con evidencias documentales de la existencia de lo que se corresponde con la actual villa de Enciso.  

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No será, por lo tanto, hasta el año 1109 cuando aparezca una noticia documental sólida, momento en que la villa y fortificación estaban regidas por Fortún Íñiguez, cuya familia había controlado Belorado y Grañón desde el año 1033.  

También en época medieval Enciso aparece citado en el fuero de Yanguas como limítrofe de esta villa; que en el año 1173 el rey Alfonso VIII residió un día en la localidad tras una incursión a Navarra y que generó un documento en donde se donaba en la puerta de Tudela a Franco, un canónigo de Calahorra; que la villa dejó de ser de realengo el 9 de octubre de 1184 cuando Alfoso VIII la permuta por Arlarzón, Bocigas y Villa Ciz por Diego Jiménez y Guiomar; o también la primera aparición de clérigos en Enciso en un documento de Monte Laturce de 1224.  

Durante todo este periodo es cuando la villa irá adquiriendo su carácter fortificado que mantendrá hasta finales del XIX e inicios del XX, con la construcción de los restos más antiguos de la iglesia de San Pedro (su torre del siglo XII-XIII) que evidencian su primigenio uso militar. Toda la localidad se protegerá con una muralla todavía perceptible en su trazado urbano, a lo que se le sumará el valor defensivo de ambas iglesias, además del propio castillo. En estas fechas Enciso pasará a manos de la Orden de Calatrava, cuya tenencia no durará más de cuatro años (1284-1288). Tras un siglo de nuevo como villa de realengo, Juan I dará la localidad en el siglo XIV a Diego Gómez de Sarmiento, familia que terminará enlazando con los Medinaceli por el matrimonio de Juana Sarmiento con Luis de La Cerda, III conde de Medinaceli, siendo Enciso uno de los elementos más destacados de su dote (siglo XV).  

Todos estos cambios denotan la importancia que tenía la villa en aquel momento, tanto a nivel económico como estratégico, saliéndose de las dinámicas generales del resto de la sierra riojana, controladas en su mayoría por el Señorío de Cameros. Enciso se establecerá como un “rara avis”, una villa que gracias a los cambios constantes en las tenencias y posesiones podrá fortalecer su concejo ante la permanencia constante de un señor o familia. No es entonces de extrañar que para el siglo XII Enciso ya se hubiese asegurado el control del territorio aledaño, conformando el Concejo de Enciso, siendo reconocido como uno de los concejos que conformaban el Reino de Castilla hasta el siglo XIX (con la desaparición de los señoríos y la reforma liberal) y dando nombre a todo el territorio que actualmente abarca como “Tierras de Enciso” o “Tierra Enciso”.  

Este concejo estaría constituido no sólo por el propio Enciso, sino también por sus siete históricas aldeas: Navalsaz, El Villar, Poyales, Las Ruedas, La Escurquilla, Valdevigas y Garranzo. Los orígenes históricos de cada una de estas localidades siguen siendo un misterio y, aunque algunas parecen contar con una antigüedad notable (como es el caso de Navalsaz, con restos de lo que podría ser una fortificación en la iglesia de Santiago), no será hasta la carta de Hermandad de 1422 de Enciso y Muro de Aguas cuando aparecen por primera vez a nivel documental, ya como aldeas y sin existir documentos conocidos que indiquen un origen independiente a la propia villa de Enciso.  

Será en el siglo XVI cuando Enciso inicie su edad dorada con su participación en el ganado trashumante, pero, sobre todo, con su incipiente industria lanera, como lo demuestra la ordenanza municipal de 1530 de paños y pañeros, primer documento de organización textil de toda La Rioja, y que estuvo en vigor hasta el siglo XVIII. Desde entonces, Enciso unió su destino al de la lana, desarrollando una importante industria que se mantendrá hasta el siglo XVIII, momento en que este modelo doméstico entrará en crisis ante las nueva máquinas, fábricas y medios. No obstante, gracias a su oligarquía y a su larga tradición, algunas familias enciseñas supieron centrar sus esfuerzos en ponerse al día con los tiempos y modernizar su industria, provocando que para 1847 existieran dos fábricas completamente mecanizadas y movidas por el río Cidacos.  

Sin embargo, este auge industrial se vio empañado por la división y partición del municipio cuando en 1862 se constituyó el ayuntamiento de Poyales conformado por esta localidad, El Villar, Navalsaz y Garranzo. Los motivos de esta separación todavía no están claros desde el punto de vista histórico, siendo una de las grandes lagunas de la historia reciente del municipio. Esta separación llama especialmente la atención ante la aparente armonía existente entre la capital y las aldeas durante los siglos XV, XVI y XVII (en este último siglo el Concejo había logrado, incluso, obtener una bula papal para la iglesia de Navalsaz, lo que demuestra un alto grado de compromiso político para con esta localidad en principio “menor”). Con ello, estas buenas relaciones institucionales se vieron alteradas durante algo más de un siglo hasta que, en los años 70, este nuevo municipio terminó desapareciendo por la caída de la industria enciseña (y su consiguiente colapso económico y demográfico) por la falta de buenas comunicaciones, más aún con la instalación del “trenillo” en 1920 que provocó la progresiva deslocalización de las fábricas al cercano Arnedo y a otras ciudades más alejadas como Calahorra o Logroño.  

En conclusión, lo que ahora conocemos como Enciso no deja de ser el resultado de un largo proceso histórico, un proceso de cambios y de permanencias, de luchas y de acuerdos, de auge económico y caída hasta el punto de la desaparición. En las últimas décadas Enciso y sus aldeas se han visto en sus mínimos demográficos históricos, abandonándose buena parte de ellas y viendo, tristemente, desaparecer o derribarse su patrimonio. Sin embargo, estos últimos años también han visto florecer de nuevo sus calles, arreglarse sus casas, ha visto volver a sus gentes y habitar de nuevo sus aldeas (o, al menos, una parte de ellas). Enciso vuelve a estar unido como parece haberlo estado desde su origen y no mira al futuro con temor, sino consciente de su propia historia, de sus aciertos y sus errores de cara a seguir siendo el referente de esta tierra que desde hace cerca de un milenio lleva su nombre. 

Escudo de Enciso

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